Llega el otoño y las hojas revolotean en
el aire. Desde tu ventana ves como el viento se las lleva y quisieras ser ellas
para poder escapar sin mirar atrás. Apoyas la frente en el cristal y comprendes
que caerán cuando la brisa se vaya. Serán arrastradas y pisoteadas porque no
les importan a nadie. Sin darte cuenta comprendes que ya eres hoja de otoño.

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